Con cada cuadro se aprendo algo y se consigue más experiencia a la hora de resolver problemas. Hace unos meses que he estado trabajando en una serie de imágenes (e ideas para imágenes) de hospital. Ahora mismo estoy concentrado en un cuadro que retrata una transfusión de sangre.

Preparé un dibujo del mismo tamaño que el lienzo (cartón), un esbozo de los valores tonales y otro para planificar los colores a pintar. También hice dos croquis en lápiz de las caras que figuran en la composición. Como suele suceder, las primeras capas de pintura daban buena apariencia, pero, al seguir el trabajo, la imagen parecía algo confusa. ¿Por qué?


Años atrás mis padres empezaron a comprar una serie de revistas que se titulaban ‘Los grandes artistas’. Cada edición trataba de un artista distinto, y las comprábamos en el quiosco cada semana. Era un gasto considerable y aún conservo aquellas revistas ya que forman una biblioteca compacta y magnífica que recopila la historia del arte occidental.

Distraído por mis problemas pintorescos, empecé a hojear la revista dedicada a la obra de Goya, dramática y llena del horror de la Guerra contra Napoleón. También consulté la de Poussin – años antes de Goya, más colorida, pero con composiciones de iguales dramatismo e impacto-.Pensé, ¿cómo fue que perdimos (perdí) contacto con estas pinturas tan poderosas en nuestra vida cotidiana?

Estoy aprendiendo a simplificar mis imágenes al nivel tonal, así como cromático, a reducirlas a un mensaje claro simplemente. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero así vamos mejorando.