Visitando museos nos relacionamos con gente, y para mí las colecciones de arte pública representan un beneficio magnífico. El norte de Inglaterra cuenta con algunas de las mejores, y durante Navidad aproveché de mis viajes para visitar a la familia para pasar a ver las Galerías municipales de Manchester y Preston.

En Manchester Art Gallery conocí a Adolphe Valette, el impresionista francés que encontró en la niebla, la industria y la lluvia de Manchester inspiración para sus cuadros. Conocí a gente paseando por canales y plazas en sus pinturas, gente normal que se destaca frente el cielo gris brumoso. En la misma sala de la galería estuvo L.S. Lowry, ex alumno de Valette. Las figuras de éste llamaban la atención por su crudeza, o mejor dicho sencillez de tratamiento. La galería estaba tranquila y era muy cómoda. Aproveché el tiempo para contemplar las dos visiones de Manchester que me ofrecían estos dos artistas, cómo veían la ciudad, la vida y la industria que les rodeaba.

El arte comunica.


Albert Square’ de Adolphe Valette

En el Harris Art Gallery de Preston volví a conocer a Carel Weight, cuyo cuadro grande está encima de la escalera principal del edificio. Este artista se celebra por sus rarezas, su excentricidad, tal y como Lowry y Stanley Spencer. Su crucifixión incorpora una multitud caótica de gente, una masa negra, y la cruz se ve por detrás.

En el descansillo reconocí también el nombre y la obra de Atkinson Grimshaw. Fue la tranquilidad de sus nocturnas que me había llamado la atención antes – cielos cerúleos y siluetas de edificios – pero ahí me interesó mucho leer cómo se había formado (era autodidacta), y cómo llegó a exprimirse y ganar reputación por sus logros artísticos.

Las colecciones de arte entablan un diálogo con nuestros antecedentes, y nos ponen en contacto con sus experiencias y reflexiones sobre el mundo que nos rodea.